Del tiempo al dinero.
Si el dinero equivaliera a tiempo y el tiempo equivaliera a dinero:
El pasado sería la suma del dinero gastado, y el futuro la cantidad de
dinero prestado. Claro, uno sería impotente para detener el flujo del pasado e
igual de inútil al intentar viajar al futuro.
En este contexto, ¿qué cantidad vale para el presente?
Bastaría con asaltar un banco para poseer unos cientos de años más en la
bolsa; por tristeza estos años se acortarían al ser atrapado por la policía y
luego de ser encerrado la vida terminaría en un santiamén.
Cuando un conocido o un amigo vinieran a pedir dinero se atreverían a decir,
podrías prestarme meses de trabajo, o años de sufrimiento, en vez de decir de
forma llana, podrías prestarme unos miles de pesos. Entonces uno podría
argumentar -señor, tengo el tiempo contado, y mire que no me hago más joven
mientras usted está parado frente a mí con esa cara de mendigo.
Se podría llegar al centro comercial y por unas cuantas horas de servicio se
conseguiría una cena agradable, quizá y con suerte un postre o un florero de
cristal.
La ciudad dejaría de comerciar con metal y papel, para empezar a comerciar
con atención y dedicación. Pues todo tipo de comercio no sería regido por un
material fruto del egoísmo, sino, por una acción siempre resuelta en el
presente.
La edad de la humanidad se expandiría a números imaginarios, y en la
realidad esa vida sería tan minúscula como el dinero real, los billetes vaya.
Toda moneda podría ser calculada con un reloj y las manecillas sonarían como
monedas cayendo por un tragaperras.
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