Extrañando a Cioran.
De esperar, qué esperar, si no, tan sólo
el desesperar.
A las puertas del edén, que se abre tras
la razón de la lectura, ¿Qué sería del gran libro y su apocalipsis si la
civilización no cediera ante la representación de aquellos símbolos que no son
más que eso, un símbolo interpretativo?
Y hombres y mujeres presos de la
desesperanza y la presión. No hay humano más feroz que aquel atrapado en la ira
de su propia prisión, no hay mordida más fuerte y rabiosa que la de un ser
humano desesperado por el hecho de la desesperanza.
Con frecuencia se cree que la decadencia -arguye-
al momento anterior de la caída al precipicio, o que la decadencia es la caída
en acción, justo antes del azote. Pero la decadencia se presenta aún en la cima
de los que alimentan la felicidad como único mérito moral de la conciencia colectiva.
El éxito también es decadencia, y a locura es magnificencia.
Resulta, de seres blasfemos y empoderados,
el pensar que alguien decadente debe de reflejarse enflaquecido y ojeroso ante
el espejo de quienes lo miran, pero el ser decadente se presenta en el volumen
más esbelto y embellecido, tanto lo dionisiaco como lo Apolíneo son decadentes,
y ni hablar de la justa combinación de los dos elementos.
En vista de lo anterior, ¿Qué no es lo
decadente? ¿La verdad? ¿La realidad? ¿La aceptación?
Pues los días en los que se pensaba que la
humanidad cobraba -bajo expectativas interpretativas- que se encontraba en ascenso,
lo único que se puede observar, tras el paso de tantos y tantos años, es que la
humanidad es la decadencia del mundo de los vivos (de todas las especies) ¿Y
cabe alguna esperanza? Pues la esperanza también es decadencia potencial.
¿Qué le queda al mundo que no sea
decadente o de tendencias desérticas? ¿No es el arte un paso hacia la puerta de
salida? ¿La ciencia y el conocimiento no son también una forma de escape? ¿Y la
espiritualidad? ¿La conexión maravillosa con el resto de las especies, con la
naturaleza y su talento desbordante con el que nos hace respirar de una nueva
vida?
Me reduzco, claro, a que todo aquello es
representación y también evasión, de una secuencia que tiende a la decadencia
desde el nacimiento hasta el último de los días.
Disfrutemos de esta caída, disfrutemos de
ser la cereza en el pastel del caos.
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